Un millón de palabras no te traerían de vuelta, lo sé porque lo intenté. Tampoco un millón de lágrimas, lo sé porque las lloré. Pero voy a sonreír como si nada estuviese mal, hablar como si todo estuviese perfecto, pretender que es un sueño y hacer de cuenta que no me haces daño, solo porque sé que aunque yo te amé infinito, ya no te necesito.
-Lo prohibido se vuelve tentador.-